En 1975 pegué fieltro verde sobre una lámina de contrachapado de 15 mm de grosor para crear una superficie de trabajo que también protegiera la mesa del comedor. Cumplía muy bien su cometido. En 2006, la mesa y esa superficie quedaron relegadas a una terraza exterior de mi casa en el sur de Francia. En esa parte del mundo se presumía de trescientos días de sol al año, ¡pero cuando llueve, llueve de verdad! Tras cinco años en los que el agua se filtraba entre el tablero de la mesa y su cubierta, el fieltro protector verde se estaba convirtiendo en el hogar de diversos hongos.
Tumbado en la cama, en actitud contemplativa, miraba a través de las grandes puertas acristaladas, cuyos cristales estaban divididos por finos montantes de madera. Fuera, las ramas de los pinos se mecían con rigidez e interrumpían una vista que, de otro modo, se habría extendido hasta la lejanía. Con tan pocos elementos visuales a la vista, llegué a reconocer que, en realidad, estaba observando el paso del tiempo.
La combinación de aquel panel de contrachapado recubierto de fieltro con hongos, ahora visualmente interesante, la estructura de un mueble de cocina de pino que ofrecía tres aberturas y unas tiras de madera de ipé que tenía en el estudio bastó para concretar cómo podían materializarse en una obra mis observaciones desde la cama. ¡Estar tumbado no significa que uno no esté trabajando!
La desastrada franja verde de fieltro, transformada por el tiempo y el clima, se había convertido en una expresión de instantes a la que decidí dar mayor concreción colocando una selección al azar de imágenes descartadas y recortes que tenía en el estudio. Cada objeto había tenido su relevancia en su momento, ya fuera una cifra, una lengüeta de saxofón o imágenes de jóvenes desnudas; las asociaciones con esas cosas pasarían de vez en cuando por la mente del artista. La incorporación de luces LED que cambian de color siguiendo una secuencia temporal ayuda a ampliar la idea del paso del tiempo.
Por último, añadí tela pintada que representa cortinas para identificar esas tres divisiones como ventanas: aberturas por las que se puede mirar y que, al cerrarse, ocultan lo que pueda existir al otro lado. Estos añadidos materiales ayudan a centrar la atención en el panel central, quizá el «ahora», mientras los dos exteriores representan el «antes» y el «después». Este estrecho formato horizontal intenta expresar algo del «tiempo que pasa» mientras nosotros, los espectadores, observamos.