Este objeto escultórico expresa con fuerza la filosofía zen del wabi-sabi aplicada a la decoración del hogar. Su acabado en bruto y su voz propia hablan del proceso de creación. ¡Porque nada perdura! Nada es para siempre. Comprender la impermanencia nos libera de la codicia y la ira. Nadie ni nada es perfecto. Basta con dejar que las cosas expresen su propia voz para que se vuelvan auténticas. ¡Auténticas, no perfectas! La imperfección es lo que habla con más fuerza. Así somos todos, imperfectos, y ahí reside nuestro verdadero valor.