Pintura original al óleo de gran formato, de 40 × 40 × 1,5 pulgadas, que representa un paisaje de bosque invernal blanco con un ciervo y una cierva. De estilo semiabstracto, se construyó con numerosas capas gruesas de pintura. La primera tenía colores otoñales; la segunda y la tercera, blancos más apagados y tonos pastel claros que crean un paisaje de nieve, escarcha y hielo. A la izquierda aparecen dos ciervos, como a medio formar. Sus rostros son bastante realistas, pero sus cuerpos y patas son abstractos y parecen emerger del paisaje o fundirse en él. Detrás hay árboles y, sobre ellos, un cielo frío de invierno. En las ramas próximas a los animales aparecen aquí y allá hojas de tonos pastel que recuerdan hojas cubiertas de escarcha o incluso flores de cerezo al comienzo de la primavera. Confieso que he luchado con esta pintura y he repintado algunas zonas varias veces. Al fin me satisface mucho porque se sitúa entre un paisaje invernal abstracto y uno tradicional, igual que los ciervos. Estos animales son misteriosos por su capacidad de aparecer y desaparecer a voluntad, sobre todo en los bosques, y siento que he captado bien esa cualidad transitoria. A veces miro la obra de reojo y me pregunto si los ciervos se han movido un poco… Pintada sobre lienzo de canto grueso, con bordes blancos; no necesita marco.